Actualidad y Noticias

Donald Trump sostiene una tarjeta roja mientras sonríe junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante una reunión en la Oficina Oval de la Casa Blanca

El Mundial de Trump: cuando la FIFA dejó de aplicar las mismas reglas para todos

Una llamada de Trump bastó para que la FIFA suspendiera la sanción automática a un futbolista estadounidense. Mientras unas selecciones enfrentan restricciones, controles policiales y hasta problemas migratorios, otras reciben un trato excepcional.

Las reglas del juego cambian según quién las pida, desde éste 2026, el Mundial deja de ser una competencia deportiva para convertirse, explícitamente, en un espectáculo político.
Donald Trump llamó a Gianni Infantino para pedirle directamente que Balogun pudiera jugar el siguiente partido, pocas horas después, el futbolista estadounidense que había sido expulsado dejaba de estar suspendido para el siguiente partido.
No fue una filtración ni un rumor: la propia FIFA confirmó la decisión al aplicar una facultad excepcional de su Código Disciplinario. Lo que hasta ese momento era una regla automática dejó de serlo cuando el beneficiado vestía la camiseta del país anfitrión.

El problema no es solamente la existencia de una herramienta jurídica que permita revisar una sanción. El verdadero debate comienza cuando esa herramienta aparece después de la intervención del presidente del país organizador y favorece precisamente a su selección. En ese contexto, ya no quedan dudas sobre la desigualdad de condiciones que rigen en una Copa del Mundo, a pesar de que la FIFA tenga un discurso opuesto, en los hechos comprobados, favorece a los poderosos con sus acciones directas.

Desigualdad de condiciones y discriminación

Durante el torneo, la selección de Irán debió afrontar las consecuencias de las restricciones migratorias y políticas impuestas por Estados Unidos, una situación que afectó su permanencia y logística durante la competencia. 
Las autoridades estadounidenses negaron visados a más de una decena de miembros del staff técnico, directivos y periodistas iraníes. Ante estas condiciones, la delegación denunció que el trato era desigual respecto a otras selecciones, siendo ignorados sus reclamos por FIFA y viéndose obligados a realizar constantes viajes en avión hacia Estados Unidos solo para disputar los encuentros. Finalmente, el combinado iraní fue eliminado en la fase de grupos y regresó a su país sin haber podido competir en igualdad de condiciones.

La selección de Egipto también vivió un episodio que generó preocupación. En su hotel de concentración, en Dallas, miembros de la delegación protagonizaron un altercado con la Policía local luego de un control de credenciales. Los futbolistas y dirigentes denunciaron un trato desproporcionado, mientras las autoridades sostuvieron una versión diferente de los hechos, más favorable al gobierno de Trump.

A ello se suma el caso de el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan seleccionado por la FIFA para dirigir partidos en éste Mundial, elegido por sus méritos deportivos, considerado el mejor árbitro de África, al cual Estados Unidos le impidió el ingreso al país. El talentoso árbitro somalí viajó al Aeropuerto Internacional de Miami el 5 de junio, donde fue retenido e interrogado durante más de 11 horas. Aunque contaba con el visado y todos sus documentos en regla, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza le negó la entrada por motivos de seguridad, forzándolo a abandonar el país, como si fuera un delincuente.

Un Mundial debería ofrecer garantías de igualdad para todos sus participantes, independientemente de su nacionalidad, de su poder político o de la influencia que puedan ejercer sus gobiernos.

La FIFA sostiene desde hace décadas que el fútbol debe mantenerse independiente de la política. Es un principio que el propio organismo ha invocado para sancionar federaciones, prohibir injerencias gubernamentales e incluso impedir manifestaciones políticas dentro de los estadios.

Sin embargo, el episodio protagonizado por Donald Trump y Gianni Infantino deja una pregunta incómoda: si una llamada telefónica de un jefe de Estado termina modificando una decisión disciplinaria que afecta directamente a su propia selección, ¿dónde termina la autonomía de la FIFA y dónde comienza la influencia política?

El fútbol discrimina en el mundo

"El fútbol une al mundo" es el lema y movimiento global impulsado por la FIFA Durante el desarrollo de la Copa Mundial de la FIFA 2026, esta premisa se ha transformado en una broma de mal gusto, al ver la poca unión que tienen los participantes de éste deporte.
No hubo ni un futbolista que se anime a quejarse de las injusticias que sus propios colegas sufren.
Los jugadores discriminados han sido ignorados por el resto de sus jugadores, porque todos, absolutamente todos (excepto Maradona en su momento) sucumben ante el poder de la FIFA y juegan el juego que a los poderosos les conviene.

Credibilidad cero

La credibilidad de un Mundial no depende únicamente de la calidad del espectáculo. Depende, sobre todo, de que todos los participantes tengan la certeza de competir bajo las mismas reglas.

Porque el día que esas reglas dejan de aplicarse por igual, el resultado de un partido deja de ser lo más importante. Lo que realmente empieza a perder el fútbol es aquello que lo convirtió en el deporte más popular del planeta: la confianza en que nadie está por encima del reglamento.

Pero, la corrupción se instaló para quedarse, pero esta vez de forma descarada y sin ocultamientos, publicada incluso en la prensa, para que quede claro quien está por encima de cualquier ley.

Campeón sin gloria

Sea cual sea la selección que en éste Mundial levante el trofeo, sabrá que la gloria ha desaparecido, manchada de trampas y corrupción.
Cuando las reglas de un deporte comienzan a obedecer al poder y no a la justicia, ya no se juega por la gloria: se juega por conveniencia y es el primer paso para que el deporte deje de ser deporte y se convierte en un circo romano. 




© {2010-2022} Colón Portal. Designed by tanjarina.uy
Colón Portal

Colón Portal